Recuerdo gratamente, felizmente, la mañana del día 24 de julio cuando nada más comenzar en la madrugada mi caminar, justo cuando comienzo a divisar las enormes edificaciones de la gran ciudad y de otras ciudades a ella cercanas, que en poco tiempo todas juntas terminarán. En ese momento es habitual que tenga lugar un suceso, un acto casi programado, que vengo realizando desde hace ya cierto tiempo, que invito a que sea copiado: envío un sencillo mensaje a todos los habitantes que pueda abarcar lo que estoy viendo, a los que están a esas horas dormidos, a los que están despiertos, a los que se han levantado y a todos los que ya están en movimiento y actuando con el nuevo día. *Leer el mensaje completo.
